Ir al contenido principal

Historias de ovejitas

Camino dos pasos hasta llegar a mi amo. ¡Que gozo! ¡Soy tan feliz al lado suyo! Salto alrededor suyo.

Mi amo da dos pasos más y se mete en el pequeño río. - ¿Por qué me abandonas? – pienso - ¡No te alejes! ¡espérame! –

Me dispongo a meterme en el agua. “¡Que fría! ¡No quiero! ¡Vuelve Señor! No me dejes aquí.” Los perros ladran detrás de mí incitándome a entrar. Detrás de ellos veo un gran oso, levantado en sus dos patas traseras y haciendo terrible sonido. Los perros se giran y se disponen a atacar el oso. Parecen más débiles, sin embargo le van venciendo. - ¡Vamos, ven! – me llama mi amo.

El agua esta fría y hay bastante corriente, pero me meto de todos modos.

Llego al lado de mi amo, él me acaricia el cuerno y se adelanta dos pasos más. “¡Eh! ¡Que no quiero estar aquí sola! Espérame, voy contigo.” La corriente me tambalea, cada vez mas fuerte, dejo de mirar a mi amo y miro el agua asustada, me paro, “¡quiero salir de aquí! ¿Por qué me has dejado aquí sola?” Miro hacia atrás, no puedo volver, el oso sigue ahí. No tengo más remedio que ir hacia delante. - ¡Vamos! – vuelve a llamarme.

Avanzo difícilmente, tambaleándome. Llego a mi señor otra vez, y él vuelve a avanzar. - ¿Por qué me haces esto?- vuelvo a caminar por el agua, mi amo no se para y no logro alcanzarle. - ¡Espérame, espérame! -
Vuelvo a mirar el agua, tropiezo y trago agua. - ¡Vamos, puedes seguir!- grita amistosamente.

Continúo caminando, miro hacia atrás, los perros ahora están detrás de mí, dentro del agua, me ladran para que continúe. Se acerca una ola mas grande y uno de los perros se pone al lado mío para que la ola impacte en él y así, cuando la ola llega a mi ya es débil y me mantengo firme en mis patas. - ¡Vamos!- escucho de nuevo.

Continuo, estoy agotada. Comprendo que si mi amo me esperara, yo no avanzaría, me quedaría ahí y acabaría por llevarme una ola río abajo. Continuo. Pero sigo agotada, tengo mucho frío y no soporto más los golpes de la corriente. Por más que intento alcanzar a mi amo, no puedo, al contrario, cada vez me parece que está más lejos. Tropiezo otra vez y me hundo. Un perro me eleva a la superficie. Toso y toso, ya no quiero moverme.

- ¡Vamos, falta poco! – estoy desorientada, pero reconozco la voz de mi Señor, así que continuo. “No vayas tan deprisa, mas lento, me cuesta seguir”. La corriente aquí es más fuerte.

Hay una roca en medio, bajo el agua, me hago daño en la pata, gimo y me paro, miro a los lados el agua. La corriente me mueve y me lleva río abajo. “¡Auxilio, auxilio mi señor! ¡Socórreme! ¡Porque me has metido aquí!” Siento que no veré la luz nunca más. El fondo del río es oscuro y la tierra esta removida, intento llegar a la superficie, ¿cuan profundo estoy?, parece mucho. Tengo miedo, mucho miedo. Autentico terror.

Algo me agarra por detrás. - ¡OH no! – pienso - ¡seguro que es el oso! -

Me saca a la superficie, veo luz, pero tengo frío, toso y estoy magullada. Me abraza y empiezo a notar calor. - Ya a pasado todo – dice.

Es mi amo, le miro y me sonríe. ¡Nunca me he sentido tan feliz! ¡Me ha rescatado!

Camina por el agua conmigo en brazos hasta la orilla.

Aquí el sol me seca mientras estoy tumbada en la hierba. - Tranquila princesa, yo no te abandono, siempre voy a rescatarte de lo mas profundo. – me encanta esa voz de paz que tiene mi pastor.

Entonces me levanto y veo a todo el rebaño en la pradera, no hay ningún oso y ya nadie esta dentro de la corriente. Voy a jugar con mis compañeros, mientras, nuestro pastor observa radiante.

Ahora soy una oveja feliz.

By ©Priscila Laporta


Comentarios