La ovejita bramaba desesperadamente buscando a su mama. Desde el otro lado del valle se escuchó a la madre respondiendo a grande voz y la ovejita salió corriendo a su encuentro mientras bramaba aún más. Porfin llegó a su vera y hubo silencio y felicidad. La ovejita empezó a mamar del pecho de su madre, mientras ella, tranquila, agachaba su cabeza para seguir comiendo. La ovejita se puso a juguetear alrededor de ella y con su hermana.
Esta es una historia que se puede ver todos los días en un rebaño. Cualquier oveja puede estar muy lejos de su madre, incluso tanto que no la ve, pero siempre reconoce su voz y la madre reconozce también la voz de su hija cuando la llama, y siempre, siempre responde, por más lejos que esté, y si es necesario responde más fuerte para que la escuche. Y aún en la noche o cuando hay otras ovejas a su alrededor, la ovejita solamente necesita la voz de su madre para encontra el camino y regresar a ella.
Dios es como esta madre, que siempre responderá al llamado de sus hijos. Dios es tu Padre que siempre está pendiente de lo que necesitas. La pregunta es, ¿reconoces tu la voz de tu Padre?
S. Juan 10:27-30 RVR1960: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi padre. Mi Padre y yo uno somos.
Esta es una historia que se puede ver todos los días en un rebaño. Cualquier oveja puede estar muy lejos de su madre, incluso tanto que no la ve, pero siempre reconoce su voz y la madre reconozce también la voz de su hija cuando la llama, y siempre, siempre responde, por más lejos que esté, y si es necesario responde más fuerte para que la escuche. Y aún en la noche o cuando hay otras ovejas a su alrededor, la ovejita solamente necesita la voz de su madre para encontra el camino y regresar a ella.
Dios es como esta madre, que siempre responderá al llamado de sus hijos. Dios es tu Padre que siempre está pendiente de lo que necesitas. La pregunta es, ¿reconoces tu la voz de tu Padre?
S. Juan 10:27-30 RVR1960: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi padre. Mi Padre y yo uno somos.
© Priscila Laporta
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