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Orgullo

 Es verano en Barcelona, por allá el 2009 o 2010, no lo recuerdo. Disfruto de un día tranquilo en casa, hace calor así que las ventanas están abiertas. Mi madre y yo estamos en el salón, cuando empieza a llegar del exterior un sonido que trae de lejos el viento. Se hace un poco más fuerte, pero sigue siendo lejano, pero constante. Son como tambores, ruido de tambores o percusión. Normalmente mis piernas y mi cadera se ponen a bailar al ritmo de cualquier tambor al instante que empieza a sonar. Pero esta vez no, esta vez no, porque esos tambores me suenan diferente, me dan un sentir diferente, un mal estar, una sensación incómoda. Nos acercamos a la ventana.donde.tenemos.una vista de la mitad de la ciudad, dislumbrando en el horizonte la Sagrada familia.


- ¿Que es ese sonido? - me pregunta mi madre.

- Suena a a tambores venidos del infierno. - le contesto. 


Eso es lo que le respondo porque es la sensación que tengo, que me viene desde lo más profundo de mi y con la total seguridad que es así.


Aún no se lo que es, no estamos acostumbrados a ello, es nuevo para nosotros, así que no sabíamos realmente porque estaban sonando esos tambores. No parecían que fueran los típicos de otras fiestas.


Pero mi respuesta era segura, firme, es lo que pensaba, es lo que aún pienso y siento.


Horas después, o quizás al día, siguiente (no lo recuerdo con exactitud), nos enteramos que era. Era el desfile del día del orgullo gay. Una de las primeras que se hicieron en Barcelona, ciudad en la que, este desfile se haría tan famoso.


Isaías 5:20

¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!


© Priscila Laporta 

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